PEINAR A ALGUIEN

voluntario de la casa de la esperanza peinando el cabello de una persona en un taller de cuidado personal y dignidad

A veces pensamos que cambiar el mundo requiere grandes hazañas…

Pero hay gestos tan pequeños y tan llenos de amor que son capaces de sostener un corazón roto.
Peinar a alguien, mirarle con ternura, dedicar unos minutos a quien tantas veces ha sido invisible para los demás.
En La Esperanza Casa Hogar creemos que las montañas también se mueven así:
con una mano que ayuda, una conversación sincera, una caricia en mitad del caos y la certeza de que nadie debería sentirse solo.
Porque estar en este mundo solo cobra sentido cuando somos capaces de aliviar el dolor ajeno, acompañar al que sufre y ofrecer dignidad a quien la vida se la fue quitando poco a poco.

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“En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”. Mateo 25, 31-46

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